Otra cosa que me viene a la memoria es que cuando terminó la guerra fuimos a esperar no se qué, pero el caso es que pasaban muchos soldados y moros. No daban nada y la gente se cansaba de esperar. Me parece que daban los moros regaliz.
Paso ahora al día que se terminó la guerra y mi tío Antonio puso la radio a toda voz y se oía la canción del "Cara al Sol" y "El día que venga el Rey de España a Madrid". Surgieron los falangistas y allí bajo de "El Prado" se concentraban todos los domingos formando filas con sus camisas azules y las boinas rojas. Mi hermano Joaquín, que entonces tendría tres o cuatro años quería ser falangista o por lo menos le gustaba hacer la instrucción. Mi tía Carmen, que lo quería mucho, mejor dicho nos quería a todos, le compró un correaje y una boina. Mi mamá le hizo la camisa y los pantalones negros y así vestía de falangista.
Mi familia no se decantó claramente por la política en uno u otro bando. Así como mi abuelo paterno fue perseguido por requeté en tiempo de guerra a mi abuelo materno no le pasó nada, tal vez por ser afiliado a la UGT y republicano. Mi madre me contaba que mi abuelo no era católico de ir a misa y que con fastidio aceptaba tener que salir del bar, mientras jugaban a las cartas, para rendir pleitesía a cualqueir procesión religiosa.
En la época después de la guerra aún estuvimos viviendo en casa de mis abuelos y luego compramos (con el dinero de la herencia) una casa que es la que está ahora la gestoría en la calle Alfaro.
El tiempo pisa incluso este diario y, jubilado mi tío Salvador, la casa está vacía y la gestoría Polop ya no existe.
Siguiendo con lo del colegio recuerdo que al principio, cuando empecé a ir a Carmelitas, aún vivía en casa de mis abuelos y me iba con mi prima Vicenta, la de mi tío Antonio, y sus amigas. Vivía en el piso de arriba. Se murió cuando aún tenía catorce años de meningitis.
Recuerdo que al colegio siempre me ha gustado mucho ir y aprendí muy pronto a leer y la Hermana estaba muy contenta de mí. Se llamaba Modesta. Luego ya pasé a la clase de arriba que iban ya las más mayores. Siempre me ha gustado ser muy puntural y me gustaba mucho ser la primera y así ponía la bandera en el balcón del colegio. Luego bajaba y el en patio estaban todas las alumnas del colegio y cantábamos con el brazo en alto el Himno Nacional.
Recordar los años del colegio, los profesores que quisimos y nos quisieron es un recuerdo de los más hermosos de una vida. Mi madre jamás perdió ese amor por la lectura pero no tuvo la oportunidad de haber estudiado más allá que la educación básica que se entendía necesaria para las mujeres en aquellos años.
En el mes de Mayo íbamos todos los días a misa las que queríamos. A mí me gustaba mucho ir porque todo olía muy bien cuando pasábamos por el patio y era miy bonito como es siempre en el mes de mayo. Luego almorzábamos en el patio porque en aquel entonces para poder comulgar tenías que estar en ayunas y si no era pecado. Mi mamá me ponía un "minchol" (mincho) una especie de panecillo de harina de maíz que cuando estaba recién salido del horno se poidía comer, pero una vez pasaban unas horas ya no valía nada le pusieras lo que le pusieras dentro. También me llevaba un poco de pan de harina de trigo.
Por años todo estaba racionado y tenías que hacer cola para sacar las cosas ( Por eso cuando voy ahora a por el pan no me gusta tener que esperar en recuerdo de aquellas colas). Te daban por cada familia una libreta de racionamiento y bien te lo cuñaban, te lo agujereaban o te hacían una cruz. Una vez me acuerdo que mi mamá me mandó a sacar chocolate y yo iba tan contenta que íba dándole vueltas al capazo sin acordarme que dentro llevaba la libreta de racionamiento. Claro, la perdí y mi mamá tuvo que ir al Ayuntamiento y le hicieron otra. Al poco apareció la otra y teníamos dos. Claro que las libretas se llenaban pronto y te las renovaban.
La cantinela de los niños de mi generación era. No te dejes nada, si hubieras pasado hambre después de la guerra verías. Entiendo que la obsesión de aquella generación era la comida asociada a miedo por si se perdía y acumulación de recursos para saltarse la escasez.Mi hermanos y yo comulgamos juntos los dos y mi mamá, para poder hacer chocolate, estuvo algún tiempo guardándolo para poder celebrar el día con un buen convite y dulces. Comulgamos el día de la Virgen de los Desamparados en la Iglesia de Santa Clara en una misa que celebraron sólo para nosotros. Recuerdo que comulgamos los cuatro, mis papás y nosotros dos, y arriba del altar estaban los reclinatorios. Fue una ceremonia muy bonita. Yo llevaba un traje blando corto de una tela muy suave que daba gusto tocarla. También llevaba sombrero en vez de velo y mi hermano un traje con pantalón corto de color gris.


